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Carolina Jiménez
Esta manizaleña adora, por encima de todas las cosas, la tierra caliente. Por eso hay que agradecerle que se hubiera sometido al frío de la laguna de Tominé para regalarnos estas eróticas instantáneas.
FOTOGRAFÍA: PIZARRO © 2007
Cada vez que puede, Carolina Jiménez suele invitar a sus amigos a sus ya célebres frijoladas. Para ella, el secreto de un buen plato paisa es elemental: dejar ablandar los fríjoles al menos una hora más allá de lo previsto, y adobarlos con una pizca de salsa de tomate. Ella los aprendió a preparar de tanto extrañar los que su mamá le hacía en su Manizales natal, de donde emigró hace siete años para trabajar en modelaje en Bogotá.
Esta ex chica Águila se encuentra ajetreadísima por estos días buscando un lugar para inaugurar el que será su propio salón de belleza-spa. También espera enrolarse en la actuación. Sus ratos libres los suele aprovechar haciendo deporte o paseando, preferiblemente en tierra caliente. No es difícil encontrársela en Sirocco, Alma o cualquier otro bar de música electrónica.
Cocinera, emprendedora, rumbera y bella: lo que se dice, una mujer ante la que cualquier mortal caería rendido. Por eso, por todo eso, francamente nos da un poco de pena empañar tanta belleza revelando que, desde hace ocho años, Carolina está felizmente casada. Y que solo tiene ojos para su esposo y para Antonia, su gata casera. Y que entre sus planes está el de los hijos. De todas maneras, tenemos la fortuna de disfrutar de esta sesión fotográfica, en la que Carolina no solo se despojó de prejuicios, sino de todas las
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